En el mundo de la publicidad todo esta en continuo cambio, nunca vendría mejor la frase de renovarse o morir. En esta evolución podemos observar varias técnicas o herramientas que, aunque no se han superado del todo, todavía hoy podemos ver ejemplos de las mismas, si hemos notado una evolución en cuanto a las formas de utilizarlas. Por ello he decidido crear una serie de post que hablen sobre estas herramientas y ayuden a entender mejor el entramado funcionamiento de la publicidad.
Para este primer post he elegido la publicidad autorreferencial, pero y ¿a qué nos referimos? La podríamos definir como aquella publicidad que habla sobre sí misma, tratando de desenmascarar todas las técnicas que tradicionalmente ha usado la publicidad para persuadir y hacerlas visibles al receptor del mensaje. Todo esto se hace como un guiño al receptor, al cual se le considera un experto en la materia y al que por lo tanto ya no se le puede persuadir con los antiguos entresijos de la publicidad.
Este fenómeno de la publicidad autorreferencial tiene mucho que ver con las vanguardias artíticas, ya que al igual que estas la publicidad pretendía mostrar sus técnicas, sus procedimientos y recursos.
La trampa de este tipo de hacer publicidad es que intenta venderle al consumidor y receptor que es “inteligente”, aunque esto no deja de ser una ficción porque el discurso publicitario sigue siendo fingido, retórico. Lo que pretende la publicidad es ganarse a ese receptor de una manera diferente a la que se lo había ganado antes.
La siguiente pieza publicitaria “Dove Evolution”, creada por la oficina de Toronto de la agencia de publicidad Ogilvy & Mather para el grupo Unilever, es un claro ejemplo de publicidad autorreferencial.